domingo, 18 de enero de 2015

En Broadway




BIRDMAN

Nacionalidad: Estados Unidos, 119 min.  Director: Alejandro González Iñarritu
Actores: Michael Keaton, Edward Norton, Emma Stone, Zac Galifianakis
Calificación: ****

Tras mostrar las miserias de la globalización y sus tensiones territoriales (Babel, Biutiful) Gonzalez Iñarritu tantea la arriesgada comedia. Coordenadas: Comedia (repito) o sea, divertimento en el buen sentido de la palabra. Endoscopia al mundo del espectáculo. Mezcla de cine, teatro y superhéroes. Larguísimo (semi falso) plano secuencia tipo La soga. Banda sonora limitada a (potentes) ráfagas del baterista Antonio Sanchez más ocasionales insertos de Joan Valent, Mahler, Ravel o Tchaikowski. Sinopsis: un actor idolatrado por encarnar a un superhéroe (Keaton) intenta demostrar que es más que un muñeco dirigiendo y encabezando una adaptación teatral de Raymond Carver. Es el eterno debate entre fama y arte puro, su utópica o esquiva compatibilidad, y sobre la relación entre fama y ego, si son indisolubles o curables. Hay capas añadidas con la maldición de los hijos de los famosos (Stone), una simpática incursión en lo onírico (los superpoderes del personaje del título, con tintes macbethianos), un fustazo a los críticos y un puñado de guiños en la selección del reparto (Keaton trabajó en Batman, Norton en Hulk, Stone en Spiderman). 

Como ejercicio de estilo, como pirueta circense con una nanored, Birdman es ejemplar. Es un filme que se enseñará en muchas academias de cine como dignísima secuela de La soga o Soy Cuba. E idem en las academias de interpretación por el trabajo de Keaton, Norton, Stone, Watts o Galifianakis. A un servidor le queda la duda de si dentro de un par de décadas mantendrá (a nivel de guión sobre todo) su fuerza, o si quedará en otra fugaz y amena sesión de diván con unos profesionales que se autodenominan actores.

En busca de Charlie Parker



WHIPLASH

Nacionalidad: Estados Unidos, 105 min. Director: Damien Chazelle. Actores: Miles Teller, J.K. Rowling, Melissa Benoist

Calificación: ****1/2

El tema no es nuevo, ni mucho menos: ¿Para alcanzar la perfección artística es necesario -además de generosas dosis de talento- un entrenamiento al límite del colapso psicológico? Lo hemos visto en el cine en En busca de Bobby Fisher (ajedrez), El cisne negro (danza) o Shine (piano). Aparecen historias similares con regularidad en los medios de comunicación, los equipos olímpicos españoles de waterpolo o hace años gimansia rítmica, o un impactante video sobre entrenamientos infantiles de gimnasia a niños – repito, niños- en China antes de sus olimpiadas.

El profesor de jazz Fletcher (J.K. Simmons) cuenta una anécdota a su pupilo Norman (Miles Teller) sobre Charlie 'bird' Parker: Un día estaba el saxofonista tocando, demasiado correctamente y un compañero, furioso porque no se esforzaba más, le lanzó un plato. No le abrió la cabeza de milagro y sí los ojos. Norman no toca el saxo sino la batería. Fletcher pone a prueba su resistencia, su capacidad de aprendizaje y su fortaleza mental con el catálogo completo de marrullerías de un profesor/entrenador. No sigo. La película desarrolla eso, sólo eso, con el apoyo de dos leves tramas paternal y amorosa. El resto son ensayos y desencuentros. El tema, sencillo es cierto, se trata con toda su profundidad. La realización es impecable, sobre todo haciendo amenos los solos de batería (¡el último dura nueve minutos!) con acertadísimo montaje de primeros planos. En el reparto, Miles Teller da la talla como supino imberbe; J.K. Simmons tiene prácticamente en el bolsillo el Oscar al mejor secundario por su magistral -repito magistral- interpretación. Gran película, no sólo para aficionados al jazz.

Una disculpa




Una suma de reiteradas ocupaciones profesionales, familiares, etc. ha provocado que apenas tuviera tiempo para actualizar este blog. No tengo intención de abandonarlo a su suerte y a partir de ahora redoblo los esfuerzos para actualizarlo como mínimo una vez a la semana.

Lo dicho, disculpas y vuelvo al tajo. Fernando Alomar

viernes, 28 de noviembre de 2014

Entre Andersons anda el talento

Publicado en el suplemento Bellver de Diario de Mallorca el 26/11/14



 WES ANDERSON FRENTE A ROY ANDERSSON

Roy Andersson ganó el León de Oro en el reciente Festival de Venecia; Wes Anderson casi dio la campanada en Cannes. Dos directores de culto que poco a poco van ampliando su audiencia con miradas equivalentes y estilos divergentes.

Curiosa (cuasi) coincidencia, dos de los directores de culto en éste momento comparten (cuasi) apellido.
Wes Anderson es norteamericano. De Texas (el estado de la familia Bush). Amigo íntimo de los actores (hermanos) Luke y Owen Wilson y del actor-guionista Jason Schwartzmann (otro sobrino, como Nicolas Cage, de Francis Coppola). Y ya que seguimos con árboles genealógicos, Anderson es nieto de Edgar Rice Borroughs, creador de Tarzán.

Roy Andersson es europeo. De Gotemburgo, Suecia. Tiene setenta y tres años y se le ha bautizado como el nuevo genio del absurdo. Término que más adelante cuestionaré.  ¿Por qué son considerados de culto? Porque huyen de los parámetros más convencionales o comerciales del cine (sin que eso sea peyorativo, hay muchísimas obras maestras que sí los siguen, y puntualmente logran éxitos de taquilla)

Y porque esa experimentación la vemos sus fans como sincera. No chutes de ego, sino una mezcla de cultura, originalidad y continuidad. Cultura con mayúsculas, plenamente justificada, y utilizada de forma inteligente y desinhibida al mismo tiempo. Ejemplos:

El título de la última película del sueco, Una paloma se sentó en una rama reflexionando sobre su existencia, está inspirado en un cuadro de Peter Brueghel 'el Viejo'. Sin embargo, la película no tiene nada que ver con la temática o el estilo del pintor; no es un drama histórico tipo La chica de la perla. Ésta y sus películas anteriores, son retratos corales tipo La colmena, ambientados en ciudades del país nórdico con personajes corrientes y pintorescos al mismo tiempo. El título de su filme previo, Du levande (Vosotros, los vivos) está inspirado en un verso de Goethe.

El argumento de El Gran Hotel Budapest, del tejano, está basado en escritos de Stefan Zweig del periodo de entreguerras. Sobre esa época histórica convulsa, llena de nubarrrones y violencia, Anderson monta una comedia en formato de casa de muñecas con el jefe de recepción y el botones de un hotel como protagonistas.

Dos películas anteriores de Anderson son también paradigmas de originalidad: Los Tenembaums desarrolla la historia de una familia de superdotados intelectuales y, al mismo tiempo, tarados emocionales. Pero en vez de buscar una línea de acción, como Rush, Una mente maravillosa o El indomable Will Hunting, Anderson se limita a contarnos sus desencuentros familiares con recursos que son antítesis de acción, voz en off o planos frontales a cámara constantes.

Viaje a Darjeeeling por su parte, tiene algo más de acción, ya que narra las peripecias de tres hermanos que viajan a India en busca de su madre. Una muestra más de la cultura del cineasta es que la banda sonora mezcla varios temas de Satyjavit Ray, considerado el mejor cineasta de la historia de India, con los Kinks, Rolling Stones, Beethoven, Debussy y dos temas melódicos de finales de los sesenta, Les Champs Elysees de Joe Dassin y Where do you go to (my lovely) de Peter Sarstedt.

Cruzo otra vez el charco. El cine de Roy Andersson no es, en mi opinión, absurdo. O mejor dicho, lo es y no lo es. Extravagante, sí; irracional, en absoluto. O mejor dicho, es otro buceo, reportaje gráfico, muestra y muestreo de lo ilusa que es la racionalidad.

El punto en común de los Andersons es que renuncian a la acción y se concentran en los personajes, en su entorno físico y en multitud de pequeños detalles. Con un humor finísimo, irónico, culto, elaborado. Es cine para paladares exigentes y mentes abiertas.

Vidas detenidas

Publicado en Diario de Mallorca el 26/11/14

NUNCA ES DEMASIADO TARDE

Nacionalidad: Reino Unido, 88 min. Director: Uberto Pasolini. Actores: Eddie Marsan, Joanne Frogart, Karen Dury

Todos conocemos algún caso cercano de una persona extremadamente solitaria y con escasos recursos, un vecino, un amigo de un amigo o un sin techo de nuestro barrio. Algunos nos hemos preguntado por qué están tan solos, por qué no tienen familiares o amigos en los que apoyarse. Pocos nos hemos planteado qué ocurre cuando su cuerpo dice basta, quien se ocupa de esa gente. Respuesta sencilla y obvia: parte de los impuestos que pagamos van a algunos abnegados funcionarios que se ocupan de ello.

'Still life', el título original del filme, es la expresión inglesa para un bodegón pictórico. Literalmente significa vida detenida y, a la inversa, vida todavía. Uberto Pasolini, sobrino del mítico cineasta italiano, apura mucho el realismo del guión poniendo un funcionario que también se ha detenido, a su manera, en el tiempo. Recuerda en algunos aspectos al Mr. Chance de la película de Hal Ashby. Es una decisión argumental extrema, de verosimilitud forzada, que lleva al espectador hacia la compasión más que a la empatía. Pero al mismo tiempo es coherente, igual que el final, lógico una vez que se supera la sorpresa. La claustrofobia del tema, los monótonos arpegios de la banda sonora, la interpretación -magistral- de Eddie Marsan, o escenas como el repaso del álbum de fotos acogotan, dejan una gran desazón. Y al mismo tiempo logran su objetivo, empujarnos a rumiar por qué esa gente, los descastados y el funcionario, viven tan aislados. Si se podría, si se puede, hacer algo más. O si, son casos perdidos, lobos solitarios o genes autodestructivos, la complejidad de la naturaleza...

domingo, 16 de noviembre de 2014

Los límites de la obediencia

Publicado en Diario de Mallorca el 16/11/14


DIPLOMACIA

Nacionalidad: Francia, Alemania, 84 min. Director: Volker Schlöndorff. Actores: Niels Arestrup, André Dussolier, Olivier Savin

Diplomacia es una recreación más modesta de los hechos que alimentaron el best-seller Arde Paris? de Lapierre y Collins, filmado poco después por Rene Clement. El dramaturgo Cyril Gély se concentra en las últimas horas de la capital gala en manos de los nazis y el mano a mano (no confirmado del todo por los historiadores) entre el general alemán Von Choltitz y el cónsul sueco Nordlin con la destrucción de la ciudad en juego. Tras la fallida operación Valkiria, Hitler, acorralado, amargado, desquiciado, promulgó una serie de decretos para asegurarse la fidelidad absoluta de sus oficiales y destruir, en un paroxismo de la política atávica de tierra quemada, todos los edificios, infraestructuras e industrias de sus territorios. Nordlin se dedica entonces, a contrarreloj, a sembrar la duda en Von Choltitz: ¿el juramento de obediencia se aplica también a las órdenes de un hombre que ha perdido totalmente los cabales?

En su adaptación de la excelente obra de Gély, Volker Schlöndorff se queda en un aprobado. Por concentrarse tanto en los protagonistas se torna una película demasiado teatral, oxigenada sólo al final con unas breves escenas de acción. La banda sonora arranca con el emotivo segundo movimiento de la 7ª de Beethoven pero después subraya innecesariamente. Y en el reparto hay una curiosa inversión de roles; si Rene Clement enfrentó a un secundario (Gert Fröbe) con Orson Welles, Schlöndorff permite que Niels Arestrup (Un profeta, La llave de Sara) se meriende a un André Dussolier limitado por un personaje demasiado arquetípico. Aún constreñida por su origen escénico, Diplomacia es recomendable por el tema, el afinado retrato del general alemán y la interpretación de Arestrup.

jueves, 25 de septiembre de 2014

La ciudad invisible

Publicado en Diario de Mallorca el 24/9/14
 
SACRO GRA

Nacionalidad: Italia, 95 min. Director: Gianfranco Rosi. Actores: (documental)

Roma y los cineastas mantienen un largo idilio (Da Sica, Fellini, William Wyler, Woody Allen, Julio Medem, Paolo Sorrentino...). Sacro GRA es justamente la antítesis, el contrapunto, de La gran belleza. La película de Sorrentino muestra, en ficción, una jaula dorada y a un diletante buscando un quimérico Shangri-La en el núcleo imperial de la villa. Gianfranco Rosi se escabulle al barro de la periferia.

La idea del documental partió del paisajista y urbanista Nicolo Basetti, inspirado en La ciudad invisible, de Italo Calvino. GRA son las siglas abreviadas de la vía de cintura de la capital italiana, 21 kms de diámetro, más de 68 de longitud. En ese circuito han logrado los creadores encontrar a media docena de ciudadanos corrientes, entrañables e interesantes sin llegar a frikis: un pescador de anguilas residente en una choza en la orilla del Tiber, un parlanchín octogenario en un piso de protección oficial, un técnico sanitario de una UCI móvil, un combatiente solitario contra la plaga del picudo rojo, un caballero de la Orden de Malta que alquila su casa para fotonovelas y una pareja de travestís de avanzada edad, más otros figurantes episódicos. Se juega bien con la verborrea de unos y el mutismo de sus acompañantes. Hay momentos cómicos, emotivos y algo dramáticos. Entre medias, planos de la autovía en las cuatro estaciones del año, puntualmente bellos (atardecer en el río) o respetuosamente oscuros (atención a accidentados). Sacro GRA es un documental puro, sin más pretensiones que mostrar, sobre una Roma irreconocible, imperceptible, una galería de personajes atípicos. Tan romanos, o más, que Jep Gambardella.

martes, 23 de septiembre de 2014

Pastar o morir

Publicado en Diario de Mallorca el 23/9/14

EL CORREDOR DEL LABERINTO

Nacionalidad: Estados Unidos, 113 min. Director: Wes Ball. Actores: Dylan O'Brien, Amil Ameen, Ki Hong Lee, Kaya Scodelario

Coordenadas: Adaptación de una novela dirigida a jóvenes adultos ('YA' en inglés). Los que devoran Crepúsculo o Los juegos del hambre. Más cerca de esta última porque está ambientada en un mundo distópico (arrasado por el clima o guerras y con los supervivientes muy alterados).

Novedad: La obra de James Dashner asocia una trama tipo El señor de las moscas con una variante, más grande y a cielo abierto, de la cárcel de Cube y con un punto de manipulación adulta que recuerda a El juego de Ender: Encierran a unas docenas de muchachos en una pradera, en la que no falta comida ni bebida, pero tiene dos opciones, resignarse – como animales domésticados- o explorar el laberinto cambiante que les rodea. Pero deben hacerlo de día; si les pilla la noche son devorados por unos insectos gigantes semirobotizados. La llegada del carismático Thomas (O'Brian) decantará al grupo hacia la asunción de riesgos para encontrar la salida.

Fisuras: El planteamiento es original pero muestra la misma inconsistencia de base que Cube: ¿Se han gastado trillones en construir el laberinto sólo para ver si alguno de los chicos tiene madera de líder o para probar sus aptitudes de supervivencia? Más: se recurre a la triquiñuela demasiado burda de jugar con las amnesias. Y no se explica tampoco por qué todos los infantes son varones, exceptuando a la obligada pitufita de turno (Scodelario). La realización y el ritmo son más que correctos. Igual que los actores, aunque ninguno apunta a algo más que teleseries o este tipo de películas.

Moraleja: Historia original pero de muy incierto interés para el público no adolescente.

Doce años

Publicado en Diario de Mallorca el 17/9/14

 
BOYHOOD

Nacionalidad: Estados Unidos, 165 min. Director: Richard Linklater. Actores: Ethan Hawke, Patricia Arquette, Ellar Coltrane, Lorelei Linklater

En su trilogía Antes del amanecer, antes del anochecer, Antes de medianoche, Richard Linklater retrató los encuentros de una pareja de amantes en tres fugaces momentos a lo largo de sendas décadas. Con Boyhood ha dado un curioso paso más. Cuenta la vida de un chico desde los 7 a los 19 años. Doce años de su vida rodados intermitentemente durante ese mismo periodo de tiempo. Mezclando su madurez vital ficticia con su evolución física real. Muy evidente en la pareja de chicos (Coltrane y Linklater hija); más sutil, pero igual de empática, en los adultos (Arquette y Hawke).

La película dura casi tres horas y los hechos que narra son muy corrientes. Mucho. Linklater en eso es discípulo de Eric Rohmer. Entrar en su mundo exige paciencia. La ficción está ambientada en el estado de Tejas, rural y conservador. Hay algunos momentos levemente dramáticos (el segundo marido de Arquette), otros levemente emotivos (los noviazgos del chico ya adolescente) y otros levemente cómicos (la lección sobre sexualidad de Ethan Hawke). El resto roza lo documental, casi como la filmografía de Frederick Wiseman. La banda sonora es excelsa (Coldplay, Sheryl Crow, Weezer. Daft Punk, Foo Fighters, Cat Power, Lady Gaga, Bob Dylan...) pero Linklater la mantiene en un muy segundo plano, para que no vampirice a los protagonistas. En el reparto, se evidencia el contraste entre los experimentados adultos y los imberbes jóvenes, acentuando, para bien, el realismo de la propuesta. Boyhood es un original seguimiento de un chico muy corriente. Como espiarle por el ojo de una cerradura, durante doce años.

martes, 16 de septiembre de 2014

Nadar y guardar la ropa

Publicado en Diario de Mallorca el 16/9/14

EL HOMBRE MÁS BUSCADO

Nacionalidad: Estados Unidos, 121 min. Director: Anton Corbjin. Actores: Philip Seymour Hoffman, Willem Dafoe, Robin Wright, Rachel McAdams

Comencemos por lo (relativamente) accesorio: la última actuación de Philip Seymour Hoffman es, una vez más, para enmarcar. Curioso, absoluto contraste entre este espía y el patoso que retrató en La guerra de Charlie Wilson. Le arropan dos caras muy conocidas, Willem Dafoe y Robin Wright, y un puñado de excelentes promesas multinacionales, Rachel McAdams, Daniel Bruhl, Nina Hoss, Homayoun Ershadi o Mehdi Debi. Ante ellos el director Anton Corbjin acierta en la dirección. Muestra un  Hamburgo frío sin llegar a sombrío, similar, sin imitarlo, al de Wim Wenders en El amigo americano. Y en cuanto al ritmo, me ha recordado al de El escritor, sostenido sin pasarse de revoluciones.

Con ambos pilares, la materia prima, la firma de John Le Carre, parece un valor seguro. ¿Lo es? El primer visionado impacta: un thriller de espías impecable. Sin embargo, al rumiar el argumento se detectan ingredientes como mínimo muy improbables: la trama central va de un fugitivo hijo de mujer chechena y un general ruso (!!) que intenta acceder a una fortuna escondida en un banco alemán dedicado al blanqueo de dinero. Y más de media película nos hacen creer que es un terrorista islámico, provocando  escaramuzas entre los servicios secretos internos y externos de Alemania y la CIA. Además de improbabilidad (o inverosimilitud) Le Carre logra nadar y guardar la ropa, diluir culpabilidades o sospechas para que las audiencias árabes, rusa o americana no se lleguen a ofender. Y la crítica a la impunidad de los servicios secretos, su constante puenteo de las leyes internacionales sobre derechos humanos, es insuficiente. Aún así, sólo por los actores merece verse esta película.