Publicado en el suplemento Bellver de Diario de Mallorca el 20/12/12
CINE Y APOCALIPSIS
Paradojas de nuestra psique: nos aterra nuestra futura e individual muerte pero nos encanta fantasear con la desaparición de la humanidad. El fin de un ciclo cronológico de una civilización ultramontana se ha interpretado como predicción del fin del planeta. Religiones como el cristianismo, por intuición o interés también han dado mucho juego a esta hipótesis. Y a su vera, cientos, miles de escritores y un número ligeramente inferior de cineastas. Algunos ejemplos a voleo:

Género (sub es innecesariamente despectivo) paralelo son los apocalísis químicos o mutantes, los filmes de zombies y/o virus: La invasión de los ultracuerpos (soberbia la versión inIcial de George A. Romero) 28 días después (Danny Boyle) o Mala sangre (Leos Carax) logran su fin de crear mucho desasosiego.

Buscando el lado cómico, magistrales Delicatessen, de Caro y Jeunet, y Teléfono rojo, volamos hacia Moscú, de Kubrick. Incalificable, igual de magistral a mi gusto, la reciente Holy motors de Leos Carax. Y estirando el concepto más que un chicle algún colega incluye Network de Sidney Lumet: Un despechado presentador de televisión poniendo en jaque a su país con su amenaza de suicidio.
Todos los ejemplos citados tienen un denominador común: el miedo y la fascinación adyacente por un brusco fin de la Humanidad. Con 7.000 millones de seres es difícil imaginar que en semanas o meses puedan morir varios miles de millones, caer como moscas como en las pandemias que asolaron a Europa en los siglos XIV a XVI. Aunque la hipótesis atente contra el sentido común, el ego emocional, irracional, sigue escuchando la dulce voz de los agoreros.

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