MEMORIAS (Leni Riefenstahl, Lumen, 33,90 €)
Los planos iniciales de Olimpia están, por consenso absoluto, en el Olimpo del séptimo arte; de El triunfo de la voluntad ha dicho algún crítico que Cecil B. de Mille es un aprendiz al lado de Leni Riefenstahl. Por gracia y por culpa de estas dos obras, la realizadora teutona arrastró un estigma de por vida.
En una, cualquier autobiografía, la sinceridad absoluta es una quimera. Y al contrario, la falsedades más graves son fáciles de detectar. La mayoría de autores se mueven entre nubes y claros. Estas memorias de Riefenstahl, por su contenido, se mueven entre el sol radiante (la descripción del rodaje de Olimpia, por ejemplo, o sus periplos finales por África) y los nubarrones más oscuros, su insistencia en desmarcarse totalmente del régimen y los dirigentes nazis.
Cuando se muestra positiva, el libro se disfruta. Su pasión por la montaña y por el cine es meridiana en los capítulos sobres sus películas del inicio de los años 30 (La luz azul, La montaña sagrada). Su tardío flechazo por el desierto es paradójico con su inconfirmada xenofobia y coherente con su espíritu aventurero y su alma de fotógrafa y cineasta.

Aunque Leni demostrara que no estuvo afiliada al Partido Nacionalsocialista, viendo El triunfo de la voluntad una y diez veces es inverosímil que no comulgara con sus ideas. Por mucho que, astutamente, lo amagara en público. Hay una emotividad, una pasión latente en ese filme que transciende al puro oficio de un cineasta. Por ello, todas sus penurias en la posguerra suenan a lágrimas de cocodrilo. Y los capítulos de la 2ª guerra mundial y la posguerra exigen ser leídos con flema de cirujano. No enervarse ni contagiarse por sus reiterados plañidos de inocencia. Buscar, entre desventuras con fuerte tinte maniqueo y melodramático, los pequeños detalles que muestran su verdadera personalidad. Enérgica, talentosa, arrogante y mimada. Esa amalgama de virtudes positivas y negativas atrae y repele, y por ende, sostiene la lectura.

Aunque no despeja los nubarrones, el libro merece su lectura. Por los citados momentos brillantes y porque en los más dudosos, con enervante incapacidad de autocrítica, muestra una energía vital y una fortaleza de carácter envidiables.
No hay comentarios:
Publicar un comentario