jueves, 29 de septiembre de 2011

Rebelde, ¿fracasado?, añorado

Publicado en el suplemento Bellver de Diario de Mallorca el 29/9/11


NICHOLAS RAY

Se cumplen cien años del nacimiento de Nicholas Ray. Se está finalizando, post mortem, una obra inacabada y experimental (Nunca volveremos a casa) y Al Pacino encarnará a Ray en una película de Philip Kauffman. 

Rebobinemos. Menor de cuatro hermanos, padre alcohólico. Precoz y fugaz apadrinamiento por escritor Thornton Wilder y el arquitecto Frank Lloyd Wright. Fuga a Nueva York y refugio bajo el ala de Elia Kazan. Su debut como director fue brillante, Los amantes de la noche (1949). Jóvenes atormentados delinquiendo porque el mundo les ha hecho así. Tema que retomaría y bordaría años después en Rebelde sin causa (1955) su incuestionada obra maestra, tatuada en nuestras retinas por el feromónico y chulesco porte de James Dean. Entre medias, un lustro frenético con once películas de sopetón: Un maternal y magistral western, Johnny Guitar, (Sterling Hayden a Joan Crawford: -“Miénteme. Dime que me has esperado todos estos años, dime que te habrías muerto si yo no hubiera regresado, dime que me sigues amando como yo te amo...”). Dos notables películas con Bogart, Llamad a cualquier puerta y En un lugar solitario, (Ray comentó que si Buñuel hubiera estrenado Los olvidados un año después, su película hubiera sido mucho mejor). Y un variado de thrillers, dramas exóticos y acción bélica. Fijación por las inquietudes juveniles y los fantasmas interiores de los adultos. Mucho trabajo y pocos amigos.

En los años sesenta los españoles vivimos en primera fila su paso al cine épico y su épico batacazo. Rey de Reyes y 55 días en Pekín, rodadas en las afueras de Madrid, rompieron los escuálidos lazos con la audiencia y el gremio de Hollywood. Prejubilado a la fuerza, sólo le dejaron abierta la puerta de la docencia en una universidad del sur de Nueva York. Nunca volveremos a casa es fruto de esas lecciones.

La irregularidad de sus obras, su incapacidad para seleccionar, cuidar y madurar los proyectos se proyectó, o fue una proyección, de su vida personal. Se casó cuatro veces, se rumureó su bisexualidad (James Dean y Sal Mineo lo fueron; el matriarcado de Johnny Guitar también da que pensar) y se casó cuatro veces. Pilló a su segunda esposa, Gloria Grahame en la cama con su hijo de trece años. Se abandonó al alcohol. Cedieron sus defensas pero no sus defensores. Si en los primeros años recibió el aplauso de la Truffaut y Godard, en los últimos fue animado por Jim Jarmusch o Win Wenders. El alemán se atrevió incluso a filmar su testamento vital en Relámpago sobre el agua.

El tiempo no perdona pero tampoco resta méritos a la obra de Nicholas Ray. Maldito es un adjetivo subjetivo; irregular es innegable; fracasado es inaplicable al creador de Rebelde sin causa o Johnny Guitar . Se aguantan, se merecen, reiterados visionados.

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