domingo, 7 de marzo de 2010

Enfermo, divorciado, borracho y huyendo

Publicado en Diario de Mallorca el 7/3/10

CORAZÓN REBELDE

Nacionalidad: Estados Unidos, 112 min. Director: Scott Cooper. Actores: Jeff Bridges, Maggie Gyllenhaal, Colin Farrell, Robert Duvall

Hay evidentes paralelismos entre Corazón rebelde y El luchador (2008). Ambas retratan figuras del espectáculo en decadencia (un luchador de cuadrilátero y un músico country) tocando fondo y braceando a la desesperada por salir a flote; ambas han sido ensalzadas por los críticos y realzado a sus protagonistas en las apuestas de los Oscars.

Con chasis argumentales casi idénticos, las diferencias entre ambas son tonales, anímicas y formales. Corazón rebelde suaviza más el drama y potencia el romance. Es un terreno muy peligroso, minado por las movedizas arenas de la blandura o la autocomplacencia, que Scott Cooper transita con inteligencia. ¿Cómo? Aplicando mesura y matices en todas las facetas del filme: En el guión, el protagonista (Bridges) se mueve entre la adicción al alcohol, el bloqueo creativo y las ganas de vivir y revivir sus mejores momentos. Es orgulloso pero no rencoroso; reniega de su discípulo (Farrell) pero acepta ser su telonero; está pluridivorciado pero se enamora de la periodista (Gyllenhaal) con valor y ardor juveniles. Ella también es muy creíble, debatiéndose entre la pasión, el miedo a un nuevo fracaso y el deber maternal con su joven hijo. Los diálogos son sobrios, con gotas de humor bien dosificadas. La realización es plana en locales públicos y brillante en las habitaciones privadas, cerrando el foco de los objetivos cuando más se abren los sentimientos de los protagonistas. Los actores ponen la guinda, rematan el trabajo previo de libreto y cámara con interpretaciones intensas, sinceras y muy emotivas. A pesar de la lejanía geográfica y cultural, Corazón rebelde es un drama cercano y cautivador.

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